El valor de la presencia y la compasión en el camino de la salud y el bienestar

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En el proceso de acompañamiento en el camino de salud y bienestar he encontrado diferentes ópticas y posiciones no solo de quien recibe el cuidado si no de quien lo brinda.
Los lazos creados entre ambos se fortalecen o debilitan posiblemente por sucesos que revierten altas dosis de humanidad, la cual está expuesta ante todo en situaciones de vulnerabilidad, dolor, pérdida, incertidumbre o confusión que pueden surgir ante la aparición de una enfermedad.


La posible pérdida de autonomía que se puede generar en el mapa del tratamiento, puede exponer miedos y temores que en ocasiones entorpecen las vías de avance.
Mas, las relación establecida entre la persona con un diagnóstico o malestar y el personal que le brinda atención se construye y vive día a día en donde en medio de tratamientos, diagnósticos, pronósticos quien surge por delante siempre es un SER humano.

La atención plena aplicada en la relación del equipo de la salud, pacientes y familiares permite crear espacios de cercanía que trascienden las paredes de las estructuras clínicas y crean vínculos cálidos y valiosos que exaltan la humanidad y posan la mirada en las necesidades primarias de reconocimiento, valía, y empoderamiento del ser.
Estar en presencia y plenamente conscientes permite ver quienes estamos siendo en cada interacción vital, nos permite ser y hacer visibles a los demás, generamos amor y respeto, vemos la grandeza del otro, su integridad, su competencia, nos sabemos completos, aceptamos a todos como legítimos, desarrollamos una sensibilidad ante lo que soy y lo que son los demás.
Nos abre a estar de una manera genuina, para si mismo y para otros, nos impulsa a conectarnos desde el estado de atención plena y desde allí articular los valores, los recursos personales y profesionales tanto como la creatividad para crear espacios disruptivos, cercanos y humanos que generen alta recordación.

Esta posición de apertura genera espacios propositivos y seguros en las relaciones humanas, permite ver más allá de lo que se dice, percibir entre líneas, sentir la corporalidad propia y de los demás, lo cual crea nuevas ópticas y una gama nutrida de posibilidades de crecimiento conjunto.
El cultivo de la compasión es una vía de cercanía en donde crece tanto el que la ofrece como el que la recibe, al establecer lazos profundos de humanidad que conmueven y movilizan a la acción.

Es el amor en acción, es crear relaciones desde el mismo peldaño de la humanidad compartida.

La óptica compasiva permite ver la grandeza y la capacidad de todos para salir avante en el proceso de la salud y el bienestar, cada quien a su ritmo, con sus recursos personales y momento vital, desde allí es posible ver y co-crear recursos valiosos que construyen puentes de apertura, de reconocimiento, de cercanía, en donde se vive más allá de un posible diagnóstico ( pues la identidad dista de una entidad patológica) se descubre el ser humano delante de la situación adversa, se integran sus motivantes profundos, sus valores, se reconoce la experticia en su propia vida y se acompaña más allá del conocimiento, se camina juntos desde el amor, desde allí no hay etiquetas de víctimas ni seres desvalidos ni expertos absolutos solo hay seres humanos en diferentes situaciones que comparten y coinciden en un tramo vital.

Gracias a la práctica de la presencia y el cultivo de la compasión se tejen vínculos sólidos, que crean beneficios y crecimiento en doble vía, se generan acciones bondadosas basadas en el ser humano como centro de atención y se producen experiencias memorables positivas que trascienden barreras, se tejen conexiones de reconocimiento, de confianza en donde se crean las mejores y más saludables versiones humanas.

 

Escrito por:

Juliana Velásquez
Coach de Salud y Bienestar
Profesional de la salud

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