¿Y si rompemos las barreras entre lo cercano y lo lejano?

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“Las personas que no están dispuestas a realizar pequeñas mejoras, no estarán nunca entre los hombres que realizan cambios trascendentales” - Mahatma Gandhi.

Son frecuentes las referencias en los medios de comunicación sobre el escalamiento de las guerras, de los actos terroristas y de los conflictos a causa de situaciones de toda índole; desde la diferencia familiar que cuesta vidas, pasando por las problemáticas colectivas, hasta las situaciones que catapultan diferencias culturales y sociales aparentemente irreconciliables.

Y frente a todo esto, a veces elegimos no ver lo que se pone ante nuestros ojos, como una manera de mantenernos indiferentes y en sobrevivencia. Solemos pensar entonces, que estas situaciones son lejanas y por lo tanto responsabilidad de otros y no nuestras. Y seguimos esperando que llegue un líder capaz de hacerse cargo de enarbolar las banderas del cambio.

En una entrevista que le hicieron a Eduardo Galeano (1940-2015), escritor uruguayo, en la ciudad de Cartagena de Indias en 2013[1], decía que “los siglos XIX y XX habían surgido con la promesa de paz y justicia, pero habían dejado un mundo bañado en sangre y mucho más injusto; y que el siglo XXI, que también nació anunciando paz y justicia está siguiendo los pasos del siglo anterior…”. Pareciera que seguimos caminando en círculos y que como humanidad no hemos aprendido esa lección que nos llevará a movernos a un estado de conciencia diferente, en el que tengamos un compromiso con la idea de crear un mundo que funcione para todos.

¿Y qué pasaría si rompemos las barreras entre lo cercano y lo lejano? ¿Qué pasaría si entendemos que lo que pasa en la actualidad tiene que ver con cada uno de nosotros? ¿Qué pasaría si soltamos la concepción de que “el mundo es como es” y nos apropiamos de la idea de que “el mundo es el resultado de quiénes somos y de la manera como elegimos relacionarnos con nosotros mismos y con los demás”?

Ser un líder con propósito apuesta por una postura diferente ante el mundo, una postura que se da el permiso de ver lo que otros no quieren ver, de atreverse a construir una visión capaz de inspirar a otros, de ser fuente de transformaciones sociales reales y extraordinarias. Y esta apuesta implica dejar de esperar que sean otros los que rompan el círculo vicioso, para aventurarnos hacia un camino tal vez inexplorado o en cualquier caso menos transitado. Un camino de unidad y no separación, de intimidad y no indiferencia, de aceptación y no confrontación, de confianza y no juicios, de incertidumbre y no certezas.

PATRICIA POLO BOSSIO - COACH ACC

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